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"Pero cuando estaba leyendo sus ojos se deslizaban sobre las
páginas
y su corazón buscaba el sentido, más su voz y su lengua estaban mudas.
Vinieron visitantes para observar este prodigio".
San Agustín viendo leer a San Ambrosio
"Nunca ninguna dictadura ha impedido ver,
y sin embargo todas han prohibido mirar".
Josep M. Català Domènech. "La rebelión de la mirada".
De la misma forma en que San Agustín quedó maravillado al ver a San Ambrosio
leyendo en voz baja mientras sus ojos "se deslizaban" sobre las páginas, hace
apenas un lustro nadie pensó que "deslizar" la vista sobre las
pantallas se
convirtiera en un acto tan natural y cotidiano como ha llegado a ser hoy
navegar
por la información y por las páginas del hipertexto. El soporte libro tenía
asegurada su continuidad pues, como afirmaban mucho teóricos y defensores de la
letra impresa, el libro seguiría siendo el soporte primordial para la lectura
reflexiva y pausada, mientras que la lectura en pantalla sólo conducía a una
lectura fragmentaria, al salto de una porción de texto a otra sin un hilo
discursivo coherente y sin una continuidad lógica aparente. La
lectura,
emancipada de un
autor que había sido hasta ahora el verdadero motor, guía y
conductor del texto, sumía ahora al lector en el desconcierto, la pérdida de
orientación, el desbordamiento cognitivo, etc.
Nada más lejos de la realidad actual, si bien el libro sigue siendo el soporte
por excelencia para tratar cierto tipo de temas como las obras de ficción y novelas de
entretenimiento, el hipertexto se ha convertido en el soporte primordial no sólo
de las llamadas obras-herramienta (diccionarios,
manuales técnicos, enciclopedias, etc.) sino también
de las monografías y artículos científicos, ensayos, etc. La causa de que
el libro impreso siga siendo el soporte primordial de novelas y demás obras de
ficción y entretenimiento es, en primer término, su portabilidad.
Este tipo de
lecturas se llevan a cabo en ambientes distendidos en los que no se precisa
mucha concentración y son el complemento ideal para leer repantigados en nuestro
sofá favorito, completar una jornada leyendo unas páginas antes de irse a la
cama, disfrutar con la lectura tumbados en la hierba o bajo una sombrilla en la playa,
sentados en un café o aprovechando el tiempo muerto que pasamos diariamente en los transportes públicos, etc. Sin embargo, la lectura reflexiva
requiere de un ambiente silencioso y adecuado para la concentración, y suele
hacerse en la sala de estudio donde la presencia de un
ordenador se ha convertido en una herramienta imprescindible tanto para el
ocio, como para el trabajo.
Es más, si las bibliotecas eran los templos del
saber pues en ellas se contenía toda la información que precisábamos, ahora es
la World Wide Web la depositaria de todo ese conocimiento
y desde nuestra propia sala de estudio, a través de la pantalla, podemos acceder
a toda la información que precisamos con un clic de
ratón y sin intermediarios. El temido síndrome
de "perdidos en el ciberespacio" que utilizaban los primeros teóricos del
hipertexto ha sido solventado no sólo por el desarrollo de
índices y directorios,
motores de búsqueda y otras
herramientas de navegación, exploración y búsqueda
que facilitan el acceso y la recuperación de documentos
en la red o por el desarrollo y la puesta en práctica de nuevos
lenguajes semánticos, la aplicación de
técnicas de indización y
clasificación, etc. para los documentos de la Web;
sino por un mayor conocimiento del medio por parte de
autores, lectores y usuarios.
El hipertexto se
convierte, pues, en el lugar y el espacio idóneos no sólo para la obtención de
información, para el entretenimiento, la comunicación y el ocio, sino también para la lectura reflexiva y para el aprendizaje. Y es
el lector el que construye el texto a su medida conectando, en el acto de
lectura, todos los textos o fragmentos de texto que sean de su interés, sin que
tenga demasiada importancia quién es el verdadero autor de toda esa información
disponible al alcance de la mano y si dicha información, en origen, constituye o
no un texto cerrado. La lectura se convierte, pues, en un proceso proactivo,
reflexivo y dinámico en el
que el lector actúa y toma decisiones por sí mismo. Esto es, el lector pasivo
del texto impreso, se convierte a la fuerza, en el hipertexto, en un
lector activo obligado a tomar el control de "su lectura" mediante la adopción
de decisiones constantes. Y en un lector que "usa" cualquier información accesible según sus necesidades e
intereses. De ahí la conversión
del lector en usuario.
El navegante, que tiene ante sí una multiplicidad de
posibilidades de lectura distintas,
tiene que decidir por sí mismo qué camino tomar y puede elegir distintas vías de
forma simultánea. Aunque en el acto de lectura mismo se sigue una linealidad
temporal, el hipertexto posee una multisecuencialidad espacial, esto es, se
pueden desplegar múltiples ventanas ante la vista
frente a los límites y linealidades espaciales y temporales que imponía el texto
impreso.
En el hipertexto, el lector no alfabetizado en este nuevo contexto tecnológico
puede realmente ser ese huérfano perdido en el ciberespacio que preconizaban los
primeros teóricos del hipertexto, pero quien conoce el medio y toma las
riendas de lectura eligiendo su propia senda, no es en realidad un huérfano,
sino que se convierte en una figura hasta ahora inusitada: un lector
independizado por completo del autor y un lector independizado del texto
cerrado. Cualquier acto de lectura se convierte, de esta forma, en un proceso
individualizado y leer un hipertexto por parte de uno u otro usuario constituye
una forma única y diferenciada de lectura. Y, al igual que en el mundo analógico depende de las habilidades
del lector que la lectura se convierta en un acto superfluo o en un acto
reflexivo, la lectura hipertextual exige, por principio, un lector más activo
que no se deja guiar únicamente por lo que marca un autor o por la disposición
de un texto, sino que está obligado a tomar decisiones a cada instante.
El hipertexto convierte al lector en usuario pues es el lector quien usa el
texto a su antojo eligiendo qué leer, cómo ampliar la información, cómo desechar
los fragmentos que no son de su interés y cómo saltar de un fragmento de
información a otro. Los enlaces son puentes de
lectura entre unos textos y otros, una información y
otra, un recurso y otro diferente; un documento, un autor y su referencia, etc.
y así el usuario puede construir su propio texto, saltándose los pasajes,
ampliándolos con las referencias y asociaciones pertinentes, recombinando
textos, buscando otros contextos y apariciones, etc.
Toda lectura es un acto individual y también es un proceso que se lleva a cabo,
necesariamente, en el tiempo y en el espacio. Hasta ahora, la linealidad del
texto venía impuesta por los contornos de la página impresa, pero el espacio
hipertextual permite romper esos
contornos. La lectura adquiere nuevas dimensiones pues se puede optar por un
barrido visual y una exploración superficia l hasta centrar la
atención en un punto concreto y sumergirse en una
lectura reflexiva y pausada. No es lo mismo el zapeado de páginas, la lectura de
titulares o la búsqueda directa, que la exploración detenida de un espacio hipertextual.
Depende de los deseos del lector detenerse en un punto concreto de la
información y sumergirse en una lectura más profunda
o ampliar la información en
otros puntos externos de la red. Así pues, el hipertexto no conduce,
necesariamente, a una lectura superficial ya que el hipertexto posibilita varios
modos de lectura, sino que es la intención del lector la que conduce a un tipo u
otro de lectura.
No es lo mismo ver que mirar
y un lector consciente y reflexivo debe tomar el control sobre lo que está
viendo, esto es, debe mirar y construirse una mirada. Como
afirma Josep M. Català Domènech en La rebelión de la mirada: "Un animal podrá seguir con la mirada la trayectoria de un
elemento interesante, podrá incluso sortear con todo su cuerpo en movimiento un
obstáculo que se interpone entre él y el centro de interés, como puede ser por
ejemplo otro animal al que está persiguiendo, pero nunca lo hará sólo para
seguir viendo. El movimiento que un animal puede ejecutar con el cuerpo o parte
del mismo para dejar un objeto fuera del campo de su visión con el fin de seguir
viendo aquello que atrae su interés no es una verdadera mirada, sino la
prolongación de un acto corporal en el mismo sentido: no es la vista la que se
emplea sobre el mundo, sino todo el animal con la vista, y otros sentidos, al
frente. La vista responde en este caso a necesidades del cuerpo globalmente
considerado y por tanto acepta los campos de visión tal como se presentan: son
las características de los mismos los que determinan el interés de la visión y
no a la inversa, como sucede con la mirada humana. De ahí que no pueda darse en
los animales la dicotomía entre una visibilidad dada y una visibilidad
construida, como se da en el ser humano. Los obstáculos, en el animal, no lo
son nunca para la vista, sino para el cuerpo en su totalidad. De ahí la
originalidad que supone un gesto como el de colocar algo ante los ojos para
exponerlo expresamente a la inspección de la vista, un gesto que hace que ésta,
de elemento de supervivencia pase a ser agente de conocimiento. El gesto,
adscrito a la mirada, de colocar un objeto ante los ojos debe anteceder
forzosamente, pues, al de la propia escritura, que así se muestra en parte
subsidiaria del mismo. Antes de que la mano procediera a inscribir un lenguaje
visible sobre una superficie, es decir, antes de que pasara a objetivar los
procesos reflexivos, se produjo la conversión de la vista en mirada, un proceso
que suponía asimismo la delimitación de un campo visual susceptible de ser
inspeccionado visualmente y de constituirse, por lo tanto, en receptáculo de los
signos que expresan el pensamiento".
Navegar por la información es una dimensión nueva. El hipertexto permite tanto
la tradicional lectura secuencial, como la búsqueda directa mediante consultas.
Entre estas dos opciones,
la navegación se presenta como un paso intermedio entre
dos formas de lectura. Además, el hipertexto constituye un formato abierto de
acceso a la lectura, pues el lector puede elegir de forma consciente o aleatoria
comenzar por un punto cualquiera del texto y seguir diferentes caminos o
lecturas a través de la textura de la información y de acuerdo con sus
intereses. Así pues, desde el punto de vista del lector, el hipertexto no tiene
un comienzo, un medio y un final como sí poseía un libro en el cual el
desarrollo de lectura venía claramente definido. En esto se diferencia del texto
impreso ya que en el hipertexto no es el autor quien controla el texto, sino que
es el lector quien toma las riendas.
Navegar y
buscar
información son dos actividades
similares, sin embargo,
mientras que navegar es algo más aleatorio aunque se trata también de una
actividad cognitiva, la búsqueda suele
obedecer a un plan o a objetivos concretos.
E. Carmel y otros, en
su artículo Browsing in Hypertext:a
cognitive study distinguen
3
categorías de navegación o lectura de hipertextos:
-
Navegación
de sondeo (scan browsing): el lector busca información interesante sin ningún
objetivo predeterminado.
-
Navegación
de revisión (review browsing): el lector busca información con objeto de
revisar e integrar un tema particular.
-
Navegación
de búsqueda (search-oriented browsing): el lector busca información según un
plan u objetivo para encontrar la información relevante a un tema en
particular.
En el mundo impreso ha habido pocas modificaciones en las
tradicionales formas de lectura en el transcurso de estos últimos siglos, a
pesar de que a lo largo de la historia siempre ha habido intentos de romper la
linealidad del texto y numerosos autores han tratado de ofrecer nuevas
experiencias visuales para el lector y nuevas posibilidades de presentación y
lectura más allá de las limitaciones que imponía la página impresa.
La aparición del
hipertexto ha supuesto la culminación de todos estos intentos de trascender el
soporte papel y la secuencialidad que éste imponía para ofrecer nuevas
dimensiones. De esta forma, la supremacía del libro entendido como mejor soporte para fijar la información
ha sido puesta en cuestión por la concreción material del hipertexto a través de
la digitalidad y la informática y, sobre todo, a través a través de la
conectividad que proporcionan los enlaces y el acceso inmediato por medio de la
red.
He aquí un ejemplo curiosos de "tecnología punta" que, por un momento, nos hace
dudar de que el libro sea el soporte ideal para la lectura. Se trata de una herramienta que permite
leer ¡con una sola mano! Esta "utilísima herramienta" se presenta en la propaganda como
un nuevo accesorio para una nueva generación de lectores. La propaganda aduce que
el tamaño sí importa, por lo que se ofrece el artilugio en 4 tamaños y en
diversos colores.

Fuente: Thumbthing. How it work?:
http://www.thumbthing.com/how.htm
La lectura digital tiene uno
de sus mayores inconvenientes en la portabilidad, pues se precisan algunos
instrumentos electrónicos mediadores para la lectura (ordenador, pantalla y/u otro
tipo de dispositivo electrónico). Sin embargo, vemos, que el "volumen" también
tiene sus inconvenientes. Bromas aparte, lo que es beneficiosos en un caso, como
que el libro sea un objeto tridimensional portable, se muestra inconveniente en
otro, ya que la disposición de las páginas, en el caso del libro en papel, no se
muestra de forma tan homogénea como permite la superficie plana y uniforme de
una pantalla.
A veces se pretende llegar a
situaciones intermedias y la lectura digital persigue semejarse a la lectura
analógica combinando las experiencias de lectura que proporcionan ambas tecnologías. Por ejemplo, la British
Library cuenta con un sistema llamado
Turning the pages (volver las páginas), mediante el cual el puntero del
ratón se transforma en el dedo del usuario y hay que arrastrar el ratón de un
lado a otro tanto para abrir las tapas como para pasar las páginas del libro.
De esta forma, se simula que se "hojea" un libro y, verdaderamente, se tiene
dicha
sensación. Constituye una verdadera delicia pasar las páginas de, por ejemplo el "original
manuscrito" de Alicia en el país de las maravillas o el mismísimo
Cuaderno de notas de Leonardo Da Vinci. También se puede "ojear" el libro más
antiguo del mundo, el Diamond Sutra, impreso en China en 868, y que consta de 7
paneles de papel enrollado sobre dos palos de madera. Los libros se acompañan de
una explicación didáctica en texto y/o audio.
http://www.bl.uk/onlinegallery/ttp/ttpbooks.html
La lectura hipertextual exige nuevas habilidades, competencias y conocimientos
por parte del lector/usuario. Navegar por la información requiere conocer
ciertos signos propios de la nueva escritura
hipertextual (iconos, cambios del cursor, mecanismos de vuelta atrás, estilos
tipográficos, significado de las barras de herramientas, etc.) y conocer el
manejo de ciertos dispositivos como el ratón,
las barras de desplazamiento en
pantalla, etc; así como conocer qué herramientas se
deben utilizar para buscar, cómo, cuándo y dónde acceder a un buscador, por qué
tipo de buscador optar o cómo realizar las
consultas. Los sistemas de navegación han ido poco a poco estandarizando sus
herramientas de navegación, exploración y búsqueda,
y el diseño de un hipertexto bien construido no confunde, sino que ayuda al
lector a moverse por la red hipertextual. En unos pocos años, los lectores han
aprendido a moverse por las procelosas aguas de la red. Pero sin duda, además de
habilidades técnicas, la lectura hipertextual exige un cambio de mentalidad, una
actitud atenta y comprehensiva para
organizar y reorganizar constantemente un mapa mental del (hiper)texto que se va
construyendo en la lectura, pues es el lector el que se va construyendo el
discurso a su medida.
La lectura de un hipertexto es una lectura extensiva, más superficial y
horizontal que la lectura de un libro impreso, mientras que la lectura de este
último es más pausada, inmersiva, intensiva, en profundidad, vertical de abajo
arriba y prolongada en el tiempo. Lo que conduce a este modo de lectura es no
sólo la disposición de la pantalla, sino también la
abundancia de información, pero una vez que se ha hecho un barrido visual y
explorado el espacio de información, la lectura del hipertexto requiere mayor
atención -e intención- por parte del lector que la lectura de un texto impreso.
La estabilidad del libro impreso entendido como objeto físico permanente y no
dependiente del tiempo pasa a convertirse, en el hipertexto, en un espacio
virtual que se hace presente temporalmente. El texto del hipertexto es dinámico,
en constante inestabilidad y transformación y su lectura se convierte en un
proceso temporal que requiere otros
parámetros de acercamiento, atención y comprehensión por parte del lector. En
esto, el hipertexto se asemeja más a la cultura oral que a la cultura impresa
pues es el lector/oyente quien da significado el texto en el proceso de unir las
distintas secuencias -y las intenciones y objetivos- de su lectura. Por medio del hipertexto recuperamos,
pues, ciertas características de la cultura
oral sin renunciar a la cultura impresa.
El discurso secuencial ha pasado a ser multisecuencial, y el conocimiento se
construye no paso a paso como en la cultura impresa, sino como un haz o una
totalidad de significaciones. La hipermedia
introduce, además, elementos ajenos a la cultural textual y
texto, imagen y sonido se
funden y confunden en el nuevo hipertexto. En este sentido, el hipertexto se
aleja de la linealidad y articulación del pensamiento racional propio de la
imprenta y de su segmentación de la realidad para acercarse a la totalización de
las imágenes, a la unidad entre contenidos y formas. El hipertexto establece una
estrecha relación con los códices medievales por su logografía y caligrafía
iluminadas, su iconografía constante, el uso de miniaturas, etc. y también una
fuerte relación con los rollos de papiro
anteriores a la invención del codex romano en donde las páginas no van
cosidas unas a otras, sino que se despliegan.
Los inicios de la escritura pasaron por una
fase iconográfica y hoy, con el hipertexto, la escritura y la lectura culminan en otra fase
iconográfica.
Ver es el sentido humano por excelencia, más que oler o tocar como los animales.
La visión
y el pensamiento se retroalimentan, la escritura se convierte en un acto racional en
donde el
símbolo se convierte en signo, pero en la lectura y escritura hipertextuales, el signo
vuelve a ser símbolo.

Figuras: Lectura crítica de un hipertexto independiente
El hipertexto ha cambiado, pues, las formas de escritura y
de
lectura. Siempre que surge una nueva tecnología se
analizan sus implicaciones desde distintas perspectivas: económicas, sociales,
culturales, etc. De esta forma, se ha
visto al hipertexto como un enemigo del libro impreso y se ha hablado del cambio
de racionalidad que supone el paso de una cultura
libraria a una cultura digital soportada en las pantallas como si esta última
fuera a derribar toda la cultura lograda sobre los cimientos de la imprenta. Lo
cierto es que la cultura del hipertexto no viene a sustituir a la cultura del
texto, esto es, a la cultura de la imprenta, sino que añade a ésta algunas
dimensiones nuevas.
Desde la experiencia del lector, la información ha
dejado de ser una cosa física y se ha convertido en una realidad mental, en una
espacio nuevo que hay que aprender a construir, explorar, usar y comprender. La
sintaxis de esa nueva dimensión es el hipertexto y aprender a leer y escribir
mediante enlaces es una nueva forma de alfabetización
enmarcada dentro de una cultura más amplia que es la alfabetización
digital.
En los años que ha durado la redacción de esta tesis ha tenido lugar un período
de adaptación y aprendizaje que se ha producido tanto en los individuos
concretos, como en la sociedad en su conjunto, y la lectura hipertextual en
pantalla se ha ido consolidado poco a poco hasta convertirse en un proceso casi
"natural" de lectura. Son pocos los que reniegan ya de este medio y la lectura hipertextual va ganando adeptos. Curiosamente, las reticencias proceden, casi
todas, no del mundo científico, sino del mundo de las humanidades para quienes
el libro ha sido hasta ahora un objeto de culto casi sagrado y el autor su máximo pontífice.
La razón de este rechazo es, por un lado, la ignorancia y/o fobia tecnológicas y
por otro, el miedo a perder esa pequeña o gran cuota de poder que supone
considerarse única fuente donde reposa el saber y única fuente de distribución
del conocimiento
El control que hasta ahora tenía el autor sobre el conocimiento y su
distribución a través del libro impreso, se diluyen en la maraña de la red y con
ellos se esfuma el prestigio y el reconocimiento social que lleva aparejados la
"autorictas". En el campo científico esta ruptura ha sido menos desgarradora
pues los autores suelen publicar en colaboración y utilizan, en mayor medida que
el libro impreso, otro tipo de medios como son las revistas científicas que se
han trasladado a la red de forma rápida y nada traumática, aunque su acceso
libre también ofrezca reticencias por parte de los editores, pero esta vez por
causas crematísticas. También influye el hecho de que, mientras que la
investigación y el trabajo dentro del ámbito científico se construye día a día
como una labor conjunta, de equipo y colaborativa, en el campo de las
humanidades y las ciencias sociales, la investigación y publicación se ha
realizado, tradicionalmente, por lo menos en España, de forma individual.
Un libro se puede leer o no leer, pero en un texto abierto a la red, el lector
no sólo puede escapar del texto haciendo uso de un
enlace externo, sino que también puede relacionarlo con otros textos y
contextos escapando al control fijado por el autor. En el hipertexto el lector
se independiza del autor, le desobedece, niega su autoridad y busca otros
caminos y sentidos no previstos ni fijados por el autor en el texto. Es el
lector quien toma el poder. Y este poder se acrecienta y llega a límites
insospechados cuando el lector puede usar el texto a su antojo: copiarlo,
reutilizarlo, modificarlo, transformarlo, difundirlo, etc.
Si los defensores de la libre expresión en Internet reivindicaban
una información sin propietarios bajo el lema "la información quiere ser libre"
personalizando el texto con
el fin de independizarlo de un autor, no existe proceso comunicativo sin lector.
La comunicación no es un proceso mecánico, sino que precisa de un referente
humano que sea consciente de lo que significa el mensaje. El mensaje que en el
medio impreso era algo totalmente acabado y cerrado y que poseía permanencia y
estabilidad, en la red se ha vuelto inestable, cambiante y dinámico. Y la
relación inmutable entre emisor-mensaje-lector que se establecía siempre en la
misma dirección inequívoca, se ha convertido en un proceso multidireccional
donde el flujo de la información fluye en todas direcciones de forma simultánea.
En 1969 Barthes anuncia ya la muerte del autor y el nacimiento del lector. Sin
embargo, el hipertexto no conlleva la desaparición del
autor ni la destrucción del texto
sino que provoca cambios profundos en la concepción de ambos. Un hipertexto es
siempre creado por un
autor (o varios), pero es el lector el que elige qué
enlaces y qué ruta de lectura seguir y quien, por tanto, reconstruye el texto a
su medida enlazando textos y fragmentos de texto y conectando autores diversos.
Lo que conlleva el hipertexto es la apertura a múltiples lecturas y a dotar de
cierta autonomía al lector. Un texto fue escrito en un contexto concreto, pero
ahora es el lector el que elige su propio contexto de lectura.
Así pues, todo texto requiere de un
lector y un contexto. Daniel Chandler en Text and the
construction of meaning, resume en estos 3 tipos de posiciones extremas las
teorías que se refieren a la relación entre lectores y textos:
- Objetivistas: el significado se encuentra en
el texto (el conocimiento se transmite)
- Constructivistas: el significado surge de la
interacción en el texto y el lector (el conocimiento se negocia),
- Subjetivistas: el significado depende de la
interpretación del lector (el conocimiento es re-creado)
Por su parte, José Luis Gómez-Martínez en su excelente artículo
Hacia un nuevo paradigma: El hipertexto como faceta
sociocultural de la tecnología
afirma: "En
la modernidad se privilegió al autor, la posmodernidad privilegia
al texto, en el discurso antrópico se privilegia al lector". Para
este autor, el discurso antrópico es el discurso propio del hipertexto en el
cual el referente es el ser humano y el proceso de comunicación es
multidireccional:
autor ↔ texto
↔ lector.
Gómez Martínez habla de un cambio de paradigma en el que el significado
reside en el lector y en la apropiación que éste haga del texto. No se trata de
un texto con múltiples significados, sino de un lector (o múltiples lectores)
que se apropian del texto desde múltiples contextos. Si el discurso moderno
privilegiaba al autor y el posmoderno
ponía énfasis en el mensaje, el discurso antrópico regresa al referente humano.
Este cambio de paradigma supone una transformación tan notable como la que
supuso el libro impreso: "El
cambio es mucho más profundo. Nos trasladamos de concebir el mundo como
realidad estática, a entenderlo como transformación. La lectura, por tanto, ya
no trata de encontrar el significado del autor en el texto (aunque no anula esa
posibilidad). La lectura ahora es un proceso íntimo en el cual el texto se contextualiza en el devenir del lector. Parafraseando a Antonio Machado diríamos
que no hay texto, que el lector hace el texto al leer".
Pero el hipertexto no sólo exige un cambio de mentalidad para pasar
del papel a la pantalla y adaptarse a las
interfaces gráficas, sin duda, el lector de hipertextos debe poseer, además,
ciertos conocimientos tecnológicos complejos y una serie de habilidades que
tienen que ver con el campo de la información y la documentación. Navegar por la
Web es
similar a recorrer una gran obra de referencia, una
enciclopedia universal de
textos completos y, en un mar de información, el usuario debe
saber no sólo buscar la información, sino también recuperarla y gestionarla para
poder hacer una lectura o un uso más pausado y reflexivo en el momento que crea
adecuado. Christine A. Barry en su
artículo Las habilidades de información en un mundo electrónico,
afirma que las
habilidades de información se pueden descomponer en las siguientes fases secuenciales:
-
formular
y analizar necesidades;
-
identificar
y valorar posibles fuentes;
-
localizar
recursos audiovisuales;
-
examinar,
seleccionar y rechazar fuentes;
-
interrogar
a las fuentes;
-
procesar
y almacenar la información;
-
interpretar,
analizar, sintetizar, y evaluar la información recogida;
-
presentar
y comunicar el trabajo resultante;
-
evaluar
los logros conseguidos.
Para esta autora, es la relación entre el crecimiento de la información y el aumento de tecnología
compleja para manejarla, lo que produce este cambio en las habilidades de
información. De esta relación emergen 3 grandes categorías de habilidades de
información necesarias.
-
Primero, el aumento de la localización, alcance y volumen
de información lleva a una creciente necesidad de valorar esa información. Esto
incluye la evaluación de la calidad, el filtrado y eliminación de información
excesiva, y la mayor concreción hacia necesidades específicas.
-
En segundo lugar, existe la necesidad de adquirir
conocimiento de las diversas fuentes y habilidades para manejar la compleja
tecnología dentro de la cual se encuentra inmersa la información. (Ésta en
particular es resultado de las limitaciones de las interfaces existentes. Una
vez que las interfaces amigables para sistemas múltiples sean realidad, y los
programas de búsqueda se aproximen más al lenguaje natural, la complejidad se
reducirá)
-
En tercer lugar, están las habilidades lógicas y
lingüísticas necesarias para formular necesidades de información y hacerlas
explícitas de una forma comprensible por los sistemas TI, y también para leer,
descodificar, e interpretar la información electrónicamente obtenida. Como
resultado, las habilidades de información necesarias para navegar con éxito por
el mundo electrónico y recuperar la información óptima han cambiado tanto de
forma cualitativa como cuantitativa.
Sin duda, las virtudes del medio hipertextual sobre el medio impreso se deben,
fundamentalmente a cuatro aspectos diferenciados: la rapidez en el acceso a la
información, la disponibilidad de una enorme biblioteca universal de
acceso libre, la posibilidad de buscar de forma directa la información que se
precisa y , en último término y no menos importante, el hecho de que la
Web no sólo es un espacio de información, sino también un
lugar para la interacción.
Como ya dijimos al tratar la interactividad como
característica del hipertexto, la interacción se
puede entender en dos sentidos diferenciados: por un lado, como sinónimo de
participación en relaciones comunicativas establecidas entre las personas, donde
es corriente utilizar la voz interactuar en lugar de conversar, dialogar,
colaborar, votar, etc. Y por otro, como la relación que se establece entre los seres humanos y las
máquinas, esto es, el método por el cual un usuario se comunica con el
ordenador a través de la interfaz gráfica del
hipertexto.
En este segundo sentido, a menudo se confunde la
interactividad
con conectividad. Navegar por un hipertexto,
seleccionar un enlace y hacer clic
con el ratón no es
propiamente interactividad, aunque navegar ya implique un grado de
interactividad mayor que una lectura secuencial en los
soportes tradicionales como son el papel o la
película y las posibilidades de navegar por
una biblioteca completa como es la Web supone aumentar las
posibilidades de lectura hasta un grado antes inimaginado.
Sin embargo, dentro de un hiperdocumento, las posibilidades de navegación
vienen determinadas por el diseño que el autor del hipertexto haya previamente
fijado y el usuario puede elegir únicamente entre las opciones que se le presenten.
La elección de poder moverse y saltar de un lado a otro del
hipertexto, supone un grado muy bajo de interactividad.
El hipertexto no es una mera forma de creación de documentos y de
presentación y navegación por la información, es una
estructura mucho más
compleja que se sustenta sobre elementos de muy distinto signo y que deben
conformar un todo integrado que tenga en cuenta la estructura interna de la
información, su estructura externa, la estructura inmediata de presentación de
la información, el contexto físico y psicológico y las posibles necesidades
del usuario, etc. Por tanto, el diseño navegacional juega un papel fundamental
ya que la organización del espacio de navegación ayuda al usuario a recorrer la
información o a ir directamente a la información que requiera.
La
interfaz es
todo aquello con lo que interactuamos para lograr efectuar alguna acción en un
sistema y es, por tanto,
la interfaz de usuario, la
que permite
que el usuario se comunique
y dialogue con el hipertexto. Se trata pues,
de una especie de cuadro de mandos
para que el lector tome el control. Al diseñar la interfaz de
un hipertexto hay que tener en cuenta tanto el tipo y características
de los posibles usuarios, las
facilidad de aprendizaje y uso, su accesibilidad, etc. y muchas otras tareas que
tiene que ver con lo que se ha venido en denominar
usabilidad.
El término control es una de las claves para definir la
interactividad, más allá
de la simple navegación se trata de que el usuario tenga verdadero control sobre
determinadas acciones. Un hipertexto bien diseñado permitirá una mayor
interactividad para que el usuario no sólo se mueva por el hipertexto, navegue
por la información y explore distintas rutas, sino que le ofrezca la posibilidad
de visualizar información multimedia en el momento
que desee, hacer búsquedas directas, encontrar información relacionada y recuperar
la información atendiendo al establecimiento de filtros y adaptaciones
personalizadas que el propio usuario pueda establecer,
etc. Todas estas cualidades
son las que conducen a que el lector de un hipertexto pase a denominarse, con
toda propiedad, usuario. Vemos que el hipertexto
entendido como una nueva tecnología, ofrece muchas más funcionalidades y
posibilidades de interacción que las tecnologías simplemente
digitales, y aun
mucho mayores que cualquier tecnología analógica.
A la conectividad del texto se une la conectividad de los sujetos que
intervienen en la comunicación. En este sentido, la Web no
es sólo un espacio de información, sino también un espacio de interacción
entendida como comunicación entre seres humanos. La Web se ha convertido
en un ágora electrónica, una plaza pública y un territorio virtual donde se
desarrollan miles de conversaciones en distintos medios:
foros, chats,
intercambio de correos, cruce de
mensajes, etc. y con distintos actores. Esta comunicación puede ser
bidireccional uno a uno (emisor ↔ receptor)
o multidireccional (emisores ↔ receptores)
y puede ser instantánea al desarrollarse en línea o dilatada en el tiempo (como
en el caso de las listas de distribución
a través del correo electrónico). Esta posibilidad que brinda la red ha hado
origen a nuevas formas de autoría colaborativa y a que en la red, las audiencias
de los medios ya no sean tan pasivas como en el medio impreso. El lector o los
lectores no sólo pueden establecer contacto con los autores y conversar con
ellos a través del correo electrónico, sino que pueden hacer sus comentarios en
la red.
El hipertexto adquiere así una dimensión social nueva y no sólo permite la
creación y mantenimiento de comunidades y
redes sociales de todo tipo en línea, sino que está dando forma nueva a
viejos medios de expresión como la prensa. Los
blogs, que nacieron como un medio de
expresión y edición personal y que dieron un aire nuevo a las noticias, permiten
ahora los comentarios en línea por parte de los lectores y se crea así una nueva
forma de periodismo abierto y participativo en donde los lectores se involucran
en el proceso informativo haciendo comentarios y anotaciones. Muchos sitios web
tanto de personas o empresas como de medios de comunicación, permiten al lector
iniciar un debate o participar en una discusión en línea, añadir contenidos y
enlaces mientras se lee, etc.
El periodismo participativo es un fenómeno nuevo que se produce de la
base hacia arriba y es el resultado de
muchas conversaciones simultáneas y distribuidas a lo largo de la Web. Los
lectores pasan a ocupar un papel activo en el proceso de suministrar
información.

Fuente: Shayne Bowman y Chris Willis.
Nosotros, el medio.
http://www.hypergene.net/wemedia/images/uploads/compare_esp.gif
Y en la red no sólo se desarrollan nuevas formas de periodismo participativo a
través de los blogs o el establecimiento
de foros y debates en los medios
tradicionales trasladados a la red, también se crean comunidades en línea
agrupadas tras los más diversos intereses y surgen proyectos conjuntos de
colaboración a través del desarrollo de nuevas
herramientas y tecnologías como los wikis
que permiten agrupar una red social de autores y
lectores para crear proyectos colaborativos en línea tales como enciclopedias,
diccionarios, repositorios de documentos de acceso libre, etc. La llamada
Web 2.0 crece exponencialmente y los sitios más visitados
y usados en la red son los que permiten la colaboración de los lectores/usuarios
tales como Bloglines o
Tecnhorati para guardar
y compartir blogs, Flick
para compartir fotos, del.icio.us
para guardar y compartir favoritos o
YouTube para almacenar y
compartir vídeos, etc. Además, estos servicios colaborativos cuentan con otras
herramientas que han permitido el paso de la
clasificación personal al etiquetado social por medio de etiquetas o tags
creadas en colaboración y que han desarrollado una nueva forma de
indización de documentos llamada folksonomías.
En la red ya no se habla de publicar, sino de participar y una nueva generación
de documentos web nace con la intención de convertirse en documentos dinámicos
permitiendo al lector participar haciendo comentarios y anotaciones, iniciar una
discusión, añadir contenidos o agregar enlaces de sus favoritos mientras lee,
etc.
Desde los inicios del hipertexto a través de los
sistemas de gestión independientes era corriente la autoría múltiple y muchos
sistemas permitían las anotaciones y comentarios críticos de los lectores.
Muchos de estas herramientas se emplearon en el ámbito educativo para establecer
un contacto más estrecho entre profesores y alumnos y para que los
lectores pudieran establecer un contacto directo con el texto ya que podían "manipularlo" estableciendo relaciones, añadiendo
comentarios críticos, etc. La Web, con su acceso universal
en línea potencia esta tendencia y ofrece nuevas posibilidades permitiendo que
los contenidos dinámicos sean creados y distribuido "en vivo" a través de
Internet.

Interfaz de un sistema de gestión de hipertextos
independiente

Interfaz de Bloglines, un servicio en línea para buscar,
crear, compartir y suscribirse
a canales de noticias, blogs y otros contenidos
de la red:
http://www.bloglines.com
El marco de la pintura se ha
convertido hoy en un monitor de ordenador, una
pantalla que separa el mundo de su representación y/o
abstracción. Sin embargo, tras la pantalla también se crea un mundo nuevo real y
virtual de informaciones y relaciones humanas que puede ser desplegado a través
de las múltiples
ventanas del
hipertexto .
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BARRY,
Christine A.
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un mundo electrónico. La formación investigadora de los estudiantes de
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