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Los cambios en los soportes de lectura y escritura
La aparición del hipertexto y otros medios de producción, edición y publicación
de documentos en forma electrónica y digital ha venido acompañada de una serie de cambios tecnológicos tanto en los
soportes y
dispositivos de escritura como en los de
lectura.
Para Roger Chartier, la revolución del texto electrónico es, al mismo tiempo,
una revolución de la técnica de producción y de reproducción de textos, una
revolución del soporte de lo escrito y una revolución de las prácticas de
lectura.
La escritura y la lectura se han producido y transmitido siempre de forma secuencial porque
así lo exigían las distintas tecnologías que les servían de soporte. Con la
aparición de la tecnología hipertextual, la pantalla se ha convertido en el
principal soporte de visualización ya que permite la
multisecuencialidad característica del
hipertexto, haciendo de la pantalla un soporte que entra en franca competencia
con el papel -que deja de ser el soporte privilegiado- y, por extensión,
con el formato que se ha considerado hegemónico
como vía y soporte del conocimiento: el libro. Esta circunstancia ha llegado a
desencadenar los temores y fobias de muchos agoreros que pregonan no sólo
la muerte del libro, sino también la del pensamiento "racional". La frase de
El Jorobado de Notre Dame de
Víctor Hugo: "Ceci tuera cela" (¿Esto matará a esto otro?) refiriéndose a
que el libro matará la catedral
o el alfabeto matará a las imágenes,
se
ha convertido en una letanía repetida hasta la saciedad.
Sin embargo, el hipertexto no elimina la escritura y la
lectura, el hipertexto
no elimina el libro, sino que expande los modos de
lectura y escritura, crea
nuevos soportes, nuevos formatos de almacenamiento y procesamiento de textos y nuevas funcionalidades, y aporta nuevos modos de expresión,
acceso a la información y vías para adquirir y compartir
conocimiento. Por otro
lado, el hipertexto favorece nuevos modos de edición y publicación y hoy
cualquier persona, con unas herramientas mucho más sencillas, fácilmente
accesibles y menos costosas que en épocas anteriores, se puede convertir en
editor, "impresor" y distribuidor de sus propias obras. El mundo de la edición
se ha modificado notablemente gracias a los ordenadores a los que
Nelson llamó
"máquinas literarias". La nueva impresión digital en
papel o en otros medios o
formatos de texto electrónico como los
e-books o los archivos .pdf y, sobre todo,
la publicación y difusión de hipertextos en la Web, han revolucionado no sólo el
mundo del libro y de la edición, sino también todo el
universo relacionado con
las ciencias de la información y la documentación: las bibliotecas, las técnicas
documentales, el periodismo, la formación, educación e investigación, y todas
las formas de acceso a la información, el conocimiento y la
cultura. Javier Echeverría
al referirse a la propiedad de expresar en forma digital cualquier modalidad de
expresión humana (habla, sonidos, música, imágenes, expresiones corporales,
etc.), afirma: "Nunca un impresor contó con unas planchas alfabéticas y
sígnicas tan polivalentes y tan multiculturales como la codificación digital que
está a la base del nuevo formalismo". El paso de los medios lineales
(analógicos) a los medios no lineales (digitales), cambia la producción y
el acceso al contenido informacional, pero también la forma de expresión de los
contenidos.
Cierto es que se pueden producir nuevas formas de analfabetismo no por la incapacidad de
leer y escribir, sino por la incapacidad de manejar los nuevos medios
tecnológicos o por la imposibilidad
de acceder a las nuevas formas de transmisión de lo escrito (la brecha digital
puede deberse a la falta de infraestructuras que impidan tener acceso a la red o
a un teléfono -el 63% de la población nunca ha hecho una llamada telefónica-, no tener acceso al dinero, etc.). No
basta la alfabetización, hay que dominar las interfaces y tener acceso a ellas,
saber navegar y buscar información en Internet,
elaborar páginas web, aprender a
leer y escribir imágenes y sonidos o conocer las técnicas para elaborar y
escribir nuestras
propias películas, etc. pero una vez alfabetizados en el nuevo entorno
electrónico y digital, la aparición de las nuevas tecnologías facilita ciertas
tareas, mejora muchos procesos y ofrece nuevas oportunidades para el acceso
universal a la información y la participación en la elaboración y construcción
de conocimiento. En el campo de la documentación, la aparición del hipertexto
supone, sin la menor duda, una mejora evidente y empírica y la Web, en potencia,
se ha convertido en una especie de biblioteca universal en donde cualquier
persona, desde cualquier parte del mundo y en tiempo casi real, puede acceder y
contribuir a esa enorme memoria humana colectiva que se abre como base de
información y conocimiento universales. Las desigualdades de producción y
acceso
no vienen impuestas por la tecnología, sino por la existencia de un sistema
económico y social terriblemente injusto y desigual.

La pantalla
En el mundo hipertextual,
todos los textos se dan en el mismo soporte de
lectura
y escritura: la pantalla. Hace apenas una década, el papel era el dispositivo
principal de escritura y
lectura. El cinematógrafo, y más tarde la
televisión,
habían convertido la pantalla en un dispositivo de uso corriente, pero no ha
sido hasta época reciente en que la explosión de la informática ha conducido a
ver y construir el mundo a través de las pantallas conectadas al ordenador o en
consolas independientes. La pantalla era el soporte por excelencia para ver
imágenes y más concretamente, para visionar imágenes en movimiento acompañadas
de audio. La pantalla era el reino del
audiovisual. Hoy la pantalla está
presente en muchas de las actividades humanas y en una serie interminable de
objetos de uso cotidiano: los teléfonos móviles y algunos fijos, lavadoras,
frigoríficos, hornos, automóviles, reproductores de música o vídeo, cámaras
fotográficas, etc. Lo digital se manifiesta a través de una pantalla, tanto para
que demos las órdenes o programemos al aparato, como para acceder y ver los contenidos.
La pantalla es el reino del multimedia
informático, de la misma forma que las ventanas en la pantalla, son el dominio
del hipertexto/hipermedia.
Muy recientemente se ha pasado de los monitores de tubo de los ordenadores
de
sobremesa a la pantalla plana de cristal líquido. Incluso los televisores
abandonan el grosor de los tubos de rayos catódicos y se pasan a la tecnología LCD (Liquid Cristal
Display).

Las pantallas planas con tecnología TFT (Thin Film Transistor)-LCD (Liquid Cristal
Display), de gran contraste y resolución de imagen, han supuesto una revolución
para el diseño puesto que son sumamente delgadas- ocupan unos pocos milímetros-y
gastan muy poca energía. Incluso los televisores fabricados con esta
tecnología han logrado una imagen de gran resolución, calidad en el
brillo y contraste y un mayor realismo, y suelen ser compatibles con otras
aplicaciones digitales como vídeo,
DVD, etc.
En 1939 apareció este comentario en el diario The New
York Times: "El problema con la televisión es que la gente debe sentarse y mantener sus
ojos pegados a la pantalla; la familia común americana no tiene tiempo para
ello. Por lo tanto, la gente del espectáculo está convencida por esto mismo, de
que la televisión nunca llegará a ser un serio competidor de la radio". ¿Qué es lo que ha sucedido en estos 50 años? .
Manuel Castells afirma que a mediados de la década
de los 90 había más de mil millones de aparatos de televisión en el mundo.
Según el Dentsu Institute for Human
Studies, en Japón, la familia media ve la televisión 8 horas y 17
minutos diarios, y según Nielsen,
en Estados Unidos los monitores de televisión están encendidos unas 7 horas de
media y los adultos la ven una media de 4 horas al día. Todos estos ejemplos son
citados por Jeremy Rifkin en La era
del acceso, quien además afirma: "Pensemos que hace sólo cien años
broadcast (transmitir) era aún un término agrícola que se refería a la siembra
de semillas." Así pues, es el triunfo imparable de los media con ventaja
hegemónica para la televisión, y la presencia constante de un monitor de
televisión en nuestras vidas. Pero ¿qué está sucediendo ahora?
Las pantallas se han convertido en las
verdaderas protagonistas del
mundo digital. Ahora combinan el mundo informático y el de la información y
comunicación, convergiendo en ellas todas las tecnologías y todos los medios de
información y comunicación. Gracias a las pantallas no sólo nos movemos por la
Web y
recorremos los espacios de Internet, sino que podemos ver la tele y consultar el
teletexto, oír la radio, escuchar nuestro CD favorito y también conectar
cualquier aparato digital:
cámaras o videocámaras digitales,
DVDs, vídeos,
consolas de vídeo-juegos, etc. Para mayor sensación de realismo, muchas
pantallas llevan incorporados circuitos de sonido y potentes
amplificadores que crean un campo de sonido envolvente de 360º. En suma,
disponemos del cine, la
radio, la
televisión, acceso a todos los periódicos
digitales, a nuestros vídeos y
fotografías, a escuchar música, a visitar museos
o acceder a mundos virtuales y a disponer de toda la gran biblioteca universal
que es la World Wide Web, gracias al hipertexto, en el salón de nuestra
propia casa.
Nuestra iconosfera ya no será predominantemente de
imágenes
estáticas, sino audiovisual e
interactiva. Los monitores se han aplanado hasta
convertirse en
unos paneles de finísimo grosor, pero de muchas pulgadas de longitud. La
pantalla ahora es una lámina delgada que puede empapelar la pared de una
habitación u ocupar
todo el techo del salón. Ahora
sí que podemos sumergirnos y vivir en las pantallas, como dice
Sherry Turkle en su libro
"Life on
the Sreeen: Identity in the Age of the Internet"
donde nos habla de la adopción de nuevas identidades en los mundos virtuales de
la pantalla.
El problema de este nuevo mundo
en las pantallas radica en que el grado
de interactividad se puede limitar a
hacer zapping, a participar en los concursos de la televisión votando a
través del teléfono móvil, el cable o Internet, a ser un
avatar en un juego de
realidad virtual sin ninguna incidencia sobre el mundo real o a convertirse
únicamente en consumidor dentro del gran hipermercado global en que se está
transformando el ciberespacio. En una sociedad donde todo se ha convertido en
mercancía, el peligro de que las experiencias culturales e informacionales se
conviertan en mercancías, es un hecho anunciado.
Rifkin afirma que
"Mediante
el control de la información y las nuevas tecnologías de comunicación, los
vendedores acaban desempeñando el papel que antes solían tener las escuelas, las
iglesias, hermandades e instituciones cívicas y vecinales, en la creación,
interpretación y reproducción de la expresión cultural, y en la conservación de
las categorías culturales". Y anuncia del peligro del control de los accesos
por parte de las grandes compañías de los medios de comunicación, algo que ya
está sucediendo con el control de los grandes portales
o puertas de acceso a la red.
De igual forma, la
mercantilización está entrando en actividades relacionadas con la
búsqueda y acceso de la información contenida en la
Web. Francis
Pisani en su artículo Los motores de búsqueda, el saber y
la publicidad, informa de que numerosas compañías pagan a los buscadores para que sus sitios web aparezcan bien ubicados cuando un internauta hace una consulta relacionada,
de lejos o de cerca, con su área de actividad. Es decir, las empresas compran
sus puestos para aparecer en las primeras posiciones de las listas de los
buscadores o bien para recibir un trato "especial" en los
indexadores. Pisani
concluye: "En la era del conocimiento, las técnicas de indexación y de visión
están adquiriendo cada vez más un papel de utilidad pública. Ninguna alteración
en su funcionamiento debe ser inocente".
Sin embargo, aunque el
ciberespacio sea un inmenso centro comercial de escala planetaria, todavía quedan algunas islas de sumo
interés y se pueden construir muchos más territorios, e incluso configurar enormes
archipiélagos de participación, colaboración en la producción de
información y
en la defensa y puesta en práctica para que ésta esté accesible de forma
universal. De igual manera, también se pueden crear nuevos espacios para la
acción social tanto dentro, como fuera de las redes y estos espacio se pueden
fortalecer mutuamente, y la llamada Web 2.0 es una clara
prueba de ello.
Al igual que el
cine se ha
convertido en una maquinaria industrial para el consumo de masas y la
televisión
en una fábrica de
televidentes pasivos que consumen desaforadamente marcas publicitarias y programas basura,
los usos de Internet se están encaminando hacia el ocio, el consumo y el
entretenimiento masivos. Nada
nuevo bajo el sol. Pero siempre quedan resquicios para el buen
cine, la
literatura de calidad en soporte papel o en la
red, y la ventana abierta a la biblioteca universal o archivo de conocimiento compartido que es la
Web, y al
amplio espacio de comunicación e interacción que abre Internet.
La realidad real y la realidad virtual se mezclan y confunden ahora en la
misma pantalla, y la ambigüedad será incrementada por el sonido envolvente y por
la mejora alcanzada en la elaboración de imágenes por ordenador y mundos en
3
dimensiones. Rheingold en su obra
Realidad Virtual, nos advierte de que
"la
realidad está desapareciendo tras una pantalla" y que "la propia realidad
se puede convertir en una mercancía fabricada y cuantificada".
No es sólo la presencia constante de la pantalla de la
tele o del ordenador, también otras pantallas
nos rodean. Las
máquinas y herramientas mecánicas han sido sustituidas por las máquinas
digitales y para manejar éstas es necesaria la presencia de una pantalla, una
interfaz que haga las funciones de mando de control. Ya no hay que dar vueltas a
una manivela, girar una tuerca para mover las manecillas del reloj o dar vueltas
al anillo de diafragmas de la cámara fotográfica, ahora hay que pulsar botones y
programar un chip. Gran parte de los aparatos domésticos son
digitales. Y estos
aparatos electrónicos son
multimedia, todos dotados de una pantallita que nos
permite controlar el tiempo que tardará en asarse un pollo en el microondas, y
de una serie de bits en forma de horrendos pitidos que nos avisan de que el ave
ya está en su punto (aunque en este caso la tecnología microondas no ha superado
al fuego, puesto que sigue estando mucho más sabroso con la
tecnología que hace
varios milenios, robó a los dioses y nos trajo a los humanos, Prometeo). Las
pantallas nos permiten sacar dinero de los cajeros automáticos (si hay fondos,
claro); los lectores ópticos controlan nuestras compras en el supermercado; y
las cámaras nos vigilan en el banco, el metro, los comercios, etc. proyectando
nuestras actividades en todo tipo de pantallas y monitores e incluso grabando
todos y cada uno de nuestros movimientos reales y virtuales.
Vemos la vida a través de las
pantallas y vivimos a través de las pantallas. Ahora las guerras se nos
presentan como una representación incruenta donde no hay sangre ni cadáveres,
sino fuegos de artificio tecnológicos y bombas asépticas asistidas por
ordenador. Y también vivimos la vida a través de las pantallas creando mundos
virtuales, simulados y realidades paralelas.
Incluso para tomar fotografías -antaño el arte de la objetividad y el
realismo-, ya no miramos a través del objetivo, sino que encuadramos la imagen
dentro de una pantalla.
Pero las pantallas no sirven únicamente para la vigilancia y el control social,
o para manipular la realidad o salirse de ella, las pantallas también hacen
posible la expresión artística, la información, la comunicación y la colaboración en el
conocimiento a distancia. Y las pantallas hacen posible el hipertexto. No es
extraño que, igual que toda luz, las pantallas también produzcan sombras.
Ventanas en la pantalla: las páginas del hipertexto
La proliferación de pantallas, y más concretamente, lo que se denominan
ventanas dentro de la pantalla del ordenador, fraguan el hipertexto. Las
ventanas superpuestas en una pantalla hacen posible la
multisecuencialidad del
hipertexto. Las páginas del hipertexto no son un rosario encadenado de hojas de
papel, sino una sucesión y
una superposición de ventanas que se manifiestan por
medio de las interfaces gráficas de
los programas vistos a través de los
navegadores. De igual manera, los
programas se abren y se cierran y podemos tener abiertas varias aplicaciones a
la vez y realizar diferentes tareas. Con sólo un clic de
ratón
pasamos de una pantalla a otra. También podemos desplegar dos o más ventanas a
la vez y colocarlas a nuestro gusto enfrentándolas en posición horizontal,
vertical o en forma de mosaico.
Igual que la lectura del hipertexto se puede fragmentar en
múltiples ventanas, es corriente ahora fragmentar la pantalla del televisor en
varias ventanas para ofrecer varias imágenes a la vez o para mostrar una acción
o un hecho visto desde diferentes perspectivas, algo muy utilizado en los
acontecimientos deportivos.
El marco en la pintura era también una ventana, un recuadro que servía para
separar la realidad de su representación. La ventana sirve tanto para tomar
imágenes (encuadre de la cámara
fotográfica, de vídeo o cinematográfica), como
para mostrarlas o proyectarlas. Una pintura o una
fotografía siempre tienen un
marco espacial, un recuadro que delimita sus contornos. Pero el texto también ha tenido su marco, los contornos de la
página impresa.
Siempre hay un reborde, unos límites. En el hipertexto la pantalla se expande
por medio de
las barras de desplazamiento horizontal y vertical. Leer en desplazamiento
horizontal es mucho más incómodo, por lo que lo común es utilizar una barra de
desplazamiento vertical. Dispositivos como el ratón (que auxilian a la
lectura y
escritura) han incorporado un mecanismo con forma de rueda deslizante que sirve
para desplazar la página en sentido vertical hacia arriba y hacia abajo, sin
mucho esfuerzo.
En las bibliotecas y centros de documentación era muy importante el tipo de
soporte utilizado, ya que éste condicionaba la forma y lugar del almacenamiento
físico del documento y también la forma y lugar precisos para su posterior recuperación. Sin embargo, este rol
preponderante del soporte, ha ido cediendo paso al contenido y más concretamente
al acceso al contenido. El contenido se
convierte en el
verdadero protagonista de la información, el papel ha dejado de ser su
soporte
privilegiado y ahora cobra importancia la pantalla, y las posibles y múltiples
ventanas que se abren y cierran dentro de ella y que permiten una
multisecuencialidad en la
lectura.
El documento digital siempre tiene un emplazamiento de inscripción material, aunque
éste permanezca oculto y remoto y se actualice en nuestra pantalla de
ordenador
viajando a través de las redes. El documento se ubica en la memoria del
ordenador que hace las veces de
servidor, en tanto que nuestro
ordenador hace la
función de cliente para poder acceder al servidor. Cuando desaparece ese
emplazamiento, el documento desaparece. El
soporte físico puede estar a miles de
kilómetros de nuestra pantalla, pero los electrones viajan a través de las
redes.
Ya se habla hoy de texto
impreso en pantalla electrónica,
incluso es
corriente mencionar la tinta electrónica. Los futuros libros, ya
presentes, como los libros electrónicos y los
e-books tienen el aspecto de
una pantalla. Una pantalla que imita al libro o un libro que imita a la
pantalla.
Se habla de la existencia de una histórica
dialéctica entre imagen y texto cuyo triunfo es de la imagen sobre el texto
y de la existencia de una nueva racionalidad. Si
antes era la tinta sobre el papel, ahora son los píxeles en la
pantalla los que
representan la información.
El texto parece haberse reconvertido en una
imagen al utilizar la pantalla como
nuevo soporte.
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